El martes pasado, 13/10/09, aprovechando que estaba libre, decidí hacer un tour fotográfico por el Zoológico de Buenos Aires.
Lo pasamos requetebien Tere y yo, y regresamos a casa luego de 6 horas de paseo y fotos.
Todo muy bien, pero…
Cuando llegamos a la parte en la que se encuentran las jaulas de los monos patas y los papiones, pudimos observar con asombro como una cría de papión estaba jugando con una gran botella plástica de gaseosa aplastada, la que al golpearla, arrastrarla y morderla, hacía un ruido que evidentemente les llamaba la atención.
Buscamos inmediatamente a uno de los muchos empleados que hay en el zoológico, pero no pudomos hallar a ninguno.
Decidimos seguir con el recorrido y avisar al primero que viéramos.
Luego de pasar la jaula de los cóndores se encuentra el edifcio de la Selva Subtropical, que tiene caseta a la entrada con un empleado. Había dos. Les avisamos lo que pasaba y uno de ellos le pidió al otro que llamara para avisar.
Luego de un par de horas más, volvimos a pasar por la jaula de los papiones y comprobamos que la botella seguía allí, con la diferencia que esta vez, el juego era entre la -a mí me pareció la misma- cría y un macho adulto. El juego consistía en que la cría escapaba con «su tesoro» y el adulto la perseguía sin terminar de apoderarse nunca de la botella.
Quizás no esté mal que los monos jueguen con una botella de gaseosa, que ésta nunca se rompa como para que puedan tragarse pequeños pedazos y lastimar u obstruir el conducto respiratorio o el digestivo.
Nadie ignora que los seres humanos somos extraordinariamente eficaces a la hora de destruir todo lo que quede a nuestro alcance.
Quién sabe cuántas especies de animales, insectos, peces, plantas hemos hecho desaparecer por nuestro desprecio por la vida, no sólo la nuestra.
Tampoco podemos estar seguros de todo lo que está en peligro de extinción por nuestra culpa.
No es necesario hacer recuentos de industrias, hábitos, etc. con los que se contamina permanentemente al planeta.
Hay responsabilidades compartidas por muchos. Algunos son más (i) responsables que otros, pero tienen su parte de culpa.
Desde hace unos pocos días, en Argentina podemos ver una campaña aparentemente ecológica, que tiene como único fin reducir gastos en algunas cadenas de supermercados.
Miren la campaña, que luego les hablaré de por qué es mentira.
¡Pobre el leoncito! ¡Pobre el rey león!
Si bien la publicidad está basada en las imágenes de «El rey león», nunca en mis años de ver Discovery, National Geographic o Animal Planet he visto que los animales -leones o cualquier otro animal- haya muerto por bolsas plásticas.
Sí en una época, no sé ahora, en el Zoológico de la Ciudad de Buenos Aires, los herbívoros se ahogaban con las bolsas de plástico en que venían las galletitas que vendían para darles.
Si la campaña era para Argentina, hubieran puesto llamas, vicuñas, yaguaretés, yacarés, no sé, loros barranqueros.
Hasta ahora parece una campaña ecológica mal ubicada geográficamente, pero no es sólo éso.
¿Quieren saber la verdad?, pues es esta:
Actualmente en la provincia de Buenos Aires existe un anteproyecto de ley para prohibir a los supermercados -entre otros- a entregar bolsas de plástico que no sean biodegradables.
¿Qué significa eso?
Pues que los supermecados no podrán entregar más bolsas como hasta ahora, sino que éstas deberán ser hechas de manera que puedan degradarse rápidamente sin contaminar el medio ambiente.
El tiempo de que dispondrían sería de unos dos años para reemplazar el tipo de bolsas que entreguen.
Como las bolsas biodegradables son más caras que las comunes, a los supermercados no les gusta la idea, las cadenas Disco, Jumbo y Vea -por ahora las únicas- están tratando de parecer «buenitas» intentando dar una imagen ecologista para que en el caso de que funcione el mensaje, gasten menos en bolserío.
Veamos algunos puntos para poner en consideración:
– Para los supermercados dar bolsas es un negocio. Puedo ir al supermercado a comprar un pan de manteca, y al pasar por la carnicería recordar que no compré carne para el estofado y -ya que estoy- llevar. Además en la verdulería me avivé de que no tengo suficientes papas y compro uno o dos kilos. ¡La leche!, ¡me estaba olvidando de la leche para los chicos! y así con lo que a ustedes se les ocurra.
Si llevo mi propia bolsa de hacer los mandados, no voy a poder llevar todo lo que necesito, por lo que compro lo que quepa, lo que necesite inmediatamente y después voy a la carnicería o verdulería o almacén de la vuelta de casa y compro las otras cosas.
El supermercado ha perdido ventas. Y no seré yo el único no comprador del día, seguramente.
Pero si el súper me embolsa todo lo que yo compre en unas prácticas bolsitas con su publicidad, si tengo el dinero, lo llevo sin necesidad de volver a salir de compras por el barrio-
No nos olvidemos que fueron los supermercados los que impusieron esas bolsas.
– En Capital y Gran Buenos Aires (no sé si ocurre lo mismo en el resto del país), la recolección de residuos es diaria excepto un día a la semana para descanso de los empleados recolectores.
¿Quién no ha sacado sus residuos en bolsas de supermercado?
¿Quién no ha visto esas dichosas bolsitas con residuos en las calles esperando a ser recogidas?
No suele vérselas volando por ahí. Generalmente se reciclan para poner la basura.
– No sea cosa que se les ocurra vender las bolsitas en las cajas, cuando vas a pagar, como hacen los supermercados DIA% que cobraban -hace mucho que no tengo referencias al precio- 5 centavos por cada bolsa descartable con publicidad que te daban.
No es algo que las grandes cadenas de supermercados no puedan hacer.
La diferencia en el costo sí pueden absorberla.
Las bolsas de Wal Mart ya cumplen con la futura ley.
Una cosa es cuidar el medio ambiente y otra muy distinta querer engañar a la gente para ahorrarse unos pesos.
No ensuciemos. No contaminemos. No destruyamos el medio ambiente.